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Sin miedo a la vida

Así se titulaba una película -de hace ya algunos años- donde el protagonista -un tipo con pánico al avión- hace realidad su peor pesadilla al sufrir un espantoso accidente aéreo. El hombre resulta ser uno de los pocos supervivientes -ileso además-, y a partir de entonces se cree invulnerable.

Las noticias sobre accidentes aéreos son siempre horribles, sobrecogedoras y muy tristes. Al final, lo único que importa es que alguien se quedará -definitivamente- sin otro alguien, de forma repentina y sin tiempo de decir adiós. Te sientas, te pones el cinturón, hala, que guay que nos vamos de vacaciones a Canarias, y chinpun. Se acabó el tiempo, un estruendo y te vas.

Quizá la muerte en masa sea lo que más nos impresiona de los accidentes aéreos. A mí -ya lo sabéis- volar no me hace ni pizca de gracia. Es más, desde que existe el AVE, mis desplazamientos a Barna son, indefectiblemente, en tren.

Lo que a mí más me repatea de este tipo de tragedias, como la del avión de Spanair que ha caído hoy en Barajas, es la falta de información, la oscuridad, el no saber. La contradicción en los datos. La falta de transparencia informativa. Y por otro lado, ese morbo que despierta la tragedia masiva en algunos periodistas, ese regodearse en detalles innecesarios. En nosequé emisora escuchaba hoy: “pero… ¿entonces llevaba mucho combustible?” -preguntaba la periodista. “No mucho, sólo iba a Canarias, supongo que medio depósito”, respondía el comandante entrevistado. “¿Pero cuántos litros?”, insistía la periodista. A ver, chata: Y a quién coño le importa cuántos litros de queroseno se supone que llevaba el puto supositorio con alas. Qué quieres, ¿que a raíz de la barbaridad de kilos (que no litros, te corrige el comandante) de combustible podamos imaginarnos con mayor claridad la clase de infierno en que se debió convertir aquéllo? Tú lo que quieres es alargar la noticia y tener a la morbo-peña enganchada.

Curioso el enfoque del New York Times (por cierto, la foto de arriba es suya). Enlaza el accidente con la precaria situación económica de Spanair. Aquí no. Aquí nos importa más si el bebé de dos años que murió era niño o niña, o si los muertos estaban muy requemaditos. Dios, qué país de rompetechos.

Lo más increíble, en la versión PDA de El País. Hablaban de la “embergadura” del accidente. Tal cual. Claro, es que los de El País no hablan español, sino castellano. Y por lo tanto, “envergadura”, que es el término correcto, se puede escribir como a uno le venga bien. Mientras El Mundo ya hablaba de ciento y pico muertos, estos mendas respetaban a pies juntillas el comunicado oficial del gobierno, que estaba en 45. Vale, chat@s. Se veía venir. Igual lo ha escrito alguna de mis ex-colegas de la clase de ruso.

Luego viene el regodeo en antiguas catástrofes aéreas. Que sí, joder, que todos nos acordamos de Los Rodeos, del espantoso accidente del Iberia y el Aviaco en Barajas. No hace falta que nos lo recuerden. Como si estos muertos de hoy no fueran suficientes, hay que engordarlos con más muertos de otras épocas.

En cuanto a los politicastros, ¿se puede saber qué coño hacen acudiendo en masa a los lugares de la desgracia, que parece que lo que más les gusta a los damnificados es verles el careto? Un poco de respeto, por favor. ¿Qué coño pinta ahí el ministro de trabajo? ¿Conocer “el alcance de la tragedia”? Malditos políticos chupasangres irrespetuosos. Cualquier cosa con tal de salir en los papeles, ¿eh, cabroncetes? Perros. Cualquiera que no es útil en una emergencia NO debería estar en la emergencia.

Acabo de leer en El Mundo que dos de los viajeros que salvaron la vida iban en las filas 14 y 17 y otros dos eran, casualmente, una pareja del Samur. Impresionante. Debe ser absolutamente impresionante ver que te has librado y que 140 personas han muerto y tú no, y tu pareja tampoco. Lo que siempre digo: cuando te toca, te toca, y ya puedes quedarte metidito en tu cama, que te caerá sobre la nariz el cuadro que tienes colgado en la cabecera y te mandará al otro barrio. Y si no es tu día, ya puedes ir trompa perdido haciendo el pino por un acantilado que no te pasará nada.

Precisamente tengo a dos familiares, uno en el centro de control de barajas y otro en la torre de canarias. El de barajas, roto. Un día tan atroz no se olvida fácilmente. Hay que seguir viviendo, me decía -supongo que mientras desviaba vuelos a toda pastilla-.

Un abrazo fuerte a la familia aeroportuaria.

Y que me perdonen mil veces, pero que viva el AVE.

Silcas

Terror en el Hipermercado V

Pues hala. Tras el dolor de garaganta insuperable que me ha atenazado durante toda la noche, decido que ya está bien de inflarme el hígado con inutilprofeno y voy a urgencias de Sanitas Torrelodones. No hay nadie, gracias a Dios. Sólo un subnormal, que además de pisarme en la recepción, se me ha colado -bueno, por ser justos él no se ha colado, como ha llegado primero al box, la enfermera lo mete en el “sistema”. Le dice a él que se marche a la sala de espera y a mí que me quede por allí que voy la primera.

Obedecemos dócilmente. Por megafonía le llaman a él y pasa el primero. Tócate los pies, nunca mejor dicho.

Me quedo con cara de imbécil pululando por allí. La enfermera me ve, pero no dice ni esta boca es mía. Torda.

A los 10 minutos me llaman a mí. Me diagnostica un médico de puerto rico, amable y competente, de nombre compuesto como “Jorge Alberto Aníbal de Todos los Santos” y me receta augmentine, ibuprofeno y un spray que sabe a muertos y me provoca arcadas.

Me llego a mi oficina, previo paso por el supercor para comprar una regleta y poder enchufar mis múltiples formas de vida cibernéticas en mi nuevo despacho.

A las 10:30 no hay ni zeus en el super. Me pongo en la cola de la caja. Delante de mí, un matrimonio de mediana edad -sospecho que jubilados- con un carro lleno -digamos- hasta la mitad. La señora me mira de reojo, yo solamente llevo la regleta. El marido me mira y parece que está a punto de decirme eso de “por favor, pase usted, que sólo lleva una cosa”. Con aire de suficiencia, la cónyuga comienza a amontonar cosas en la cinta transportadora. Cabrona.

En ese momento, una señorita se acerca y dice “pasen por esta caja siguiendo el orden, por favor”. JAAA JAJAJAJAJAJA, rauda y ligera como una gacela me ubico en la nueva caja. La cajera coge la regleta y la pasa por el escáner. No pasa. Coge el teléfono y llama al limbo ese donde llaman las cajeras cuando algo no pasa por el escáner para que la iluminen y pueda teclear manualmente el importe. A todo esto, la torda del carro, que ha reculado y ha decidido que mi caja mola más, se pone a la cola y comienza a apilar cosas en la cinta, no se ha percatado de que está en una “caja brown”, es decir, que hasta que a mí no me cobren, ella no pasa, por mucho que apile cosas.

Error. Grave error.

El marido se da cuenta del asunto y comienza a murmurar por lo bajo. “Vamos a tardar más en ésta”. Por Dios. El super está vacio, caballero, y usted no tiene pinta de tener que ir pitando a ningún sitio. Qué ganas de estresarse por estresarse. Cuando yo me jubile no saldré del semáforo hasta que alguien no me pite al menos tres veces. Voy a ser la representación de la pachorra.

Me regodeo viendo cómo la cajera llama y rellama y teclea lo que le dicen. Nada. Viene otra chica, con el papelito que hay en el lineal donde se muestra el código que hay que teclear. El marido sigue engorilándose, ésto está a puntito de crisis conyugal defcon 2, pero debe ser que la torda lo tiene bien agarrao por el huevamen, porque el hombre no llega a soliviantarse. Miro al frente. Con ese lenguaje mudo que tenemos las amas de casa, le estoy diciendo a la torda que de haberse portado con amabilidad y cortesía en la otra caja (yo siempre dejo pasar a la que lleva una  o dos cosas) yo hubiera correspondido diciéndole a la cajera que podía ir cobrando a la señora si le parecía bien.

Al final, me cobran mi regleta mientras que por la otra caja, la del principio, ya han pasado otros dos clientes. El marido de la susodicha está que trina. Bufa y rebufa. Yo resoplo un poquito en su dirección y le echo encima unos cuantos amigos bacterianos. A ver si crían.

Feliz miércoles

Silcas

Ocos

Teggo ocos. Estoy plagaíta de ocos. No doy abasto a sonarme, me he cogido un trancazo brutal y soy un reguero de fluídos con patas. También me duele la garganta una barbaridad y toso. Combino ibuprofeno con couldina, y estoy rabiando por un antibiótico. Maldito aire acondicionado. Ayer comimos con el “usaurio“, y tenían el aire acondicionado a todo trapo en el restaurante. Qué manía tiene el sector hostelero, de hacernos pasar frío en agosto.

He okupado mi nuevo sitio. En realidad, además de okupar el despacho, he robado un sillón a los de consultoría. Será por sillones, y si no, no haber estado de vacaciones mientras la menda se instalaba aquí como un elefante en la cacharrería.

Mi despacho sólo tiene una cosa que no me gusta, bueno, dos: primero mi sitio está de espaldas a la puerta, es decir, que cualquiera que pulule por el pasillo puede ver la pantalla de mi monitor. Esto le pondría los pelos de punta a cualquier amante del feng shui, y a mí en concreto, sin ser fan del feng shui, me ataca los nervios. Mañana lo soluciono desplazándolo en la mesa y girándolo hacia el otro lado, pero para eso necesito un alargador. Lástima no haber cogido el de mi despacho antiguo, se me olvidó.

Y en segundo lugar, el despacho es compartido con otro menda, el cual no sabe -por estar de vacaciones- la que le ha caído encima.

He invadido con profusión femenina todo mi entorno, y espérate tú que no ponga un terrario con reptiles peligrosos o arácnidos inquietantes para redactar propuestas con la tinta que suelen merecer los clientes -os imagináis, como en “El Nombre de la Rosa“, propuestas venenosas que te van matando según pasas las páginas, jejeje. O bien un acuario con dos pececitos de colores o en su defecto, pirañas do brasil.

También he decidido que voy a poner un plantujo, o algo que tenga vida. La super-población de aloes de casa es sencillamente insultante. Crían que no veas. También tengo que traerme el perro de cuero que me regalaron las amigotas y sirve para colocar en la nuca y hacer como que trabajas mientras duermes la siesta. La ardilla de la edad del hielo la han secuestrado mis hijos y creo que jamás me la van a devolver.

Así pues, ya estoy casi casi instalada. Ya sólo me falta entrar a saco en mi flamante cliente para que conozca la cruz que le ha caído encima.

Silcas

Agosto, segunda quincena

18 de Agosto. Ni Dios. No hay ni Dios en la oficina. Sigo sin acostumbrarme a estar en la oficina la segunda quincena de Agosto. Me siento rarísima.

Madrid en este mes es una gozada. No hay tráfico, no hay gente, no hay clientes, no hay pesaos que te convoquen a reuniones, por no haber, no hay ni zumo de manzana y té verde en el eroski. Creo que en Madrid, durante el resto del año, existe una hiperactividad poco sana. Es como si en Agosto, las cosas fueran como deben ser: centradas, serenas y tranquilas. Nos hemos vuelto un poco locos, en las capitales.

Comemos con un cliente y hablamos de la crisis. Una vez trabajé en un import-export de carnes. Lo llevaba una argentina que estaba como una puñetera cabra, pero me enseñó dos cosas: a gestionar el teléfono (no a coger llamadas, sino a aprender a hablar por teléfono y a interpretar al que tenías al otro lado) y cuáles eran los sectores clave para hacer negocios. Según le contaba un socio árabe que tuvo -sospecho que más que socio :-D - son dos: Alimentación y Armamento. Porque -según el maromo- la gente tiene siempre dos necesidades básicas que cubrir por mal que vayan las cosas: comer y matarse. Y tiene razón. Así que ya sabéis, sugerencias para la crisis: poned un puesto de perros calientes en la calle o bien vended navajas en la esquina.

Es cierto que estamos viendo muchas tiendas cerradas por liquidación. Sobre todo, las de chorradas, regalos, decoración, moda… Caen como chinches. Incluso en los centros comerciales, que se supone tienen su público.

En fin. Sabe Dios cómo estaremos dentro de 2 años.

Mientras tanto, carpe diem.

Silcas

Spam y otros animalejos II

Dios mío, qué gran oportunidad. No puedo perdérmelo. ¿Os acordáis de los “Asistentes Alejados”? Los que no sepan de qué va la cosa, que se lean primero este post.

Hoy he comprendido que la vida me depara grandes ocasiones, y que no puedo seguir ignorándolas. Me ha llegado un email -naturalmente sin solicitarlo- ofreciéndome ser no ya “asistente alejado” sino “consultante a distancia”. Madre de Dios. Debe ser que he ascendido en el escalafón del spam de manera completamente sorpresiva e inopinada. Nada de “asistente”, por favor. Ya puedo ser “consultante”.

Tiemblo de emoción ante la sola perspectiva de convertirme -por fin- en un consultante decente. Nada de consultor, eso es para los cutres.

Os presento a mi futuro jefe, y aunque tiene nombre de alienígena, espero que le recibáis con un cariñoso saludo, y a ser posible, le llenéis el buzón de correo de porquerías, preferiblemente anónimas y virulentas.

Feliz domingo,

Silcas

* sí, estoy currando. por fin.

Catarros y pelus

Todos acatarrados en casa. Unos a base de San Dalsy y otros a base de ibuprofeno y/o gelocatil.

El frío que nos ha atacado subrepticiamente este fin de semana nos ha dejado KO.

Ha hecho bastante frío esta noche, de hecho esta misma mañana hemos colocado el edredón en su flamante funda nórdica comprada en Portugal. Lo cual me recuerda que no hemos pedido la leña. Hay que hacerlo ya, porque aquí, a finales de septiembre / principios de octubre, comienza la temporada de la chimenea y estamos a palo seco y nunca mejor dicho.

También he decidido que pondré Solyanka en navidades. Voy a buscar la receta y la colgaré en breve para que os salga la mejor sopa de carne y setas que hayáis comido en vuestra vida.

Esta mañana ha sido de traca.

Cojo a mi greñudo hijo de 7 años y me lo llevo a que me lo esquilen. Lleva unas greñas espectaculares. 5 pelus me he recorrido, 5 nada menos. Pues ni de coña. Todo plagaíto de maris recién llegadas de la playa desesperadas porque el cabrón del Ruper les apañe las mechas -o las mochas, según el caso-. La recepcionista me miraba compasiva y meneaba la cabeza. “Calcula hora y media”. “No, no podemos guardar la vez”. Traducción: te quedas aquí hora y media leyendo el hola una y otra vez mientras tu hijo se instala en el techo presa de la desesperación infantil”. Nooo gracias.

Así que me he limitado a comprar en la farmacia algunas cosas para el catarro y en carrefour -mira que me gusta poco- algunas cosillas que faltaban en casa, incluyendo pantalones para el cole. Hago un último intento por recortar las lanas de mi chaval en la pelu del polígono. A tope. Vale, ya ni pregunto. Me rindo. Hoy no es el día para cortar pelos a los niños. Compro vino en la bodega y me voy para casa.

Mientras sigo mi peregrinaje por peluquerías variadas, mi cónyuge ha preparado ensaladilla rusa y pollo a la chilindrón -hoy comen mis suegros en casa-. El día está mustio, hasta ha lloviznado un poco. Esto de cogerse las vacas en julio-agosto es curioso. No estamos acostumbrados a que -en realidad- aún quede verano por delante-.

Luego me iré a cenar con mi amiga Ana, a desconectar un poco de todo.

En cuanto a lo que quería currar este finde, no he pegado un palo al agua. Estoy PEREZOSA que te mueres.

Feliz sábado

Silcas

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